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6 de marzo, 2014

             
 
     
  4 Festival Internacional de la Cultura Tizayuca  
  24 - 26 de abril de 2013  
     
     

 

Ignacio Rodríguez Galván

     

El tizayuquense Ignacio Rodríguez Galván, el Shakespeare de América 

por Jorge Contreras

 

 

El Shakespeare de América nació en Hidalgo. “Ignacio Rodríguez Galván, de no haber muerto tan joven, (apenas a meses de cumplir los 26 años) hubiese sido el William Shakespeare de América”, parece una aseveración muy poderosa, pero así lo dijo el mismo Manuel Payno, escritor del Fistol del Diablo, escritor que retrató muy bien el México del siglo XIX. ¿Será cierto? A qué se debe que nuestro poeta nacional y primer poeta romántico de México se encuentre tan olvidado. Posiblemente a las pocas reproducciones de su obra, a la poca difusión de su trabajo y, por supuesto, de su análisis y estudio. La UNAM, en 1994, publicó su obra completa, del mismo modo el poeta Marco Antonio Campos ha publicado interesantes estudios sobre Rodríguez y la literatura mexicana decimonónica. Campos refiere que incluso el Himno Nacional posiblemente encuentra inspiración, por el ritmo y tema, en el poema “Guerra guerra a los galos”, que hace referencia al "extraño enemigo" de aquellos años, Francia.

Considerado el primer poeta hidalguense desde el punto de vista cronológico, pues Rodríguez Galván nació en Tizayuca en 1816, y, aunque en ese año no existía el estado de Hidalgo, nació en lo que ahora es territorio hidalguense. Otro escritor nacido en el mismo lugar, es Federico Arana.

Creo que a Ignacio Rodríguez Galván le debemos un homenaje nacional, a propósito de su bicentenario próximo a celebrarse en el 2016. Y, si tomamos en consideración a los poetas hidalguenses reconocidos, como Efrén Rebolledo que, sin duda, fue uno de nuestros más grandes poetas, cuyo nombre se le ha dado al premio estatal de poesía, o Federico Arana a quien el gobierno del estado de Hidalgo le rindió un merecido homenaje a través del CECULTAH por haber nacido en Tizayuca, a Rodríguez Galván no se le ha hecho justicia.

Se está gestando un homenaje en el encuentro de poetas de La Habana, o Santiago de Cuba, que sería “Heredia, Rodríguez, dos amigos, dos poetas”. Quizá a través del CONACULTA y de la DGP se puedan imprimir todas sus obras, darle un impulso a su literatura y restaurar su presencia en las letras de México.

 

 

 

 

Ignacio Rodríguez Galván

     

¿Será Rodríguez Galván tan importante?, pues, nada más y nada menos, fue uno de los fundadores de las letras mexicanas en aquel salón donde se reunían Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Andrés Quintana Roo, Ignacio Ramírez el Nigromante, entre otros grandes que hoy tienen su nombre con letras de oro en el Palacio Nacional, con la excepción de nuestro poeta. Aún luce el teatro del pueblo ubicado en Venezuela 72 del Centro Histórico de la Ciudad de México, su nombre; en Cuba, el nombre de su amigo, consejero al grado de considerarlo hermano, el poeta José María Heredia, se ostenta en un teatro nacional, en Santiago de Cuba, ciudad donde nació Heredia, así como en la avenida principal, y hay varios monumentos que recuerdan su paso por nuestra historia, pero Rodríguez Galván apenas es reconocido con su nombre en una pequeña calle en Tizayuca,  a unos pasos de donde nació. Asimismo, da su nombre a una pléyade de escuelas, dos en Campeche, una en el estado de México, una en el D.F. y otra en Tizayuca.

Por falta de investigación, se han confundido en la fecha de su natalicio, en algunos libros aparece como nacido el 12 de marzo, y el mismo Marco Antonio Campos dice que nació el 23 de abril, pero en su fe de bautismo de la iglesia del entonces San Salvador Tizayuca aparece como bautizado a un día de nacido, el 23 de marzo de 1816 por lo que la fecha correcta es el 22 de marzo, diez años y un día después del natalicio del Benemérito de las Américas, don Benito Pablo Juárez García. Este acontecimiento siempre me ha hecho pensar en que nacer bajo esa fecha ha contribuido a su olvido, debido a estar bajo la sombra de las celebraciones de nuestro prócer. Así le pasó a Bram Stoker que murió el mismo día del hundimiento del Titanic pasando desapercibida su muerte, así le pasó a Ricardo Garibay que el día de su fallecimiento se anunció, en los periódicos locales, la muerte del león del zoológico de Pachuca.

Este año, realizaremos el IV Festival Internacional de la Cultura Rodríguez Galván - Heredia, en Tizayuca, en dicha actividad, haremos la donación de un cuadro con la imagen de nuestro poeta y entregaremos la presea al mérito literario Ignacio Rodríguez Galván.

En la administración municipal pasada, se mandó a hacer un busto de bronce, que se perdió y aún no se ha podido localizar, pero que espero aparezca para colocarlo en el centro de Tizayuca, en el siguiente aniversario.

La muerte de Rodríguez se dio en el momento en que por fin había vencido la miseria, con todo un arsenal de conocimientos autodidactas, como idiomas, el latín, el italiano, francés de los cuales logró realizar algunas traducciones. Se destacó en la dramaturgia, novela, cuento y, por supuesto, en la poesía, aunque se le ha conocido más por sus poemas de corte nacionalista, cuenta con poemas hondos y dolorosos, por no decir desgarradores, que tienen cierto paralelismo con otro contemporáneo, cinco años menor, pero nacido en Francia, me refiero a Charles Baudelaire, como el poema, “El Buitre” en relación con “A una Rapiña”, y el “Ángel caído”, con “El Vampiro”, estos son apenas dos ejemplos, de los muchos que hay. En su navegación por el vapor rumbo a la Habana, de donde tenía que partir a Venezuela, para ejercer su encargo diplomático de jefe de la legación mexicana, algo así como embajador en aquellos años, al cual, nunca llegó. En el barco, escribe, “Adiós oh patria mía”, uno de sus más hermosos poemas. En La Habana, escribe un poema dedicado a su amigo, José Jacinto Milanés, en el cual se queja de México y de su política. José Jacinto le responde con otro poema.

Rodríguez Muere de fiebre amarilla o malaria, después de arrojarse a la noche y sus excesos. Agoniza en casa del patriarca de las letras cubanas, Antonio Bachiller y Morales, quien le brindó la cripta familiar para su sepultura. Cuatro años más tarde, Payno, visita su tumba, le lleva flores, y escribe, “México ha perdido a uno de sus más grandes poetas, de no haber muerto tan joven, hubiera sido el William Shakespeare de América”. Yo lo creo. Un par de años después, un tsunami azota La Habana, y el Cementerio General de la Espada es destruido. En el 2009, escribí una conferencia que dicté en Santiago de Cuba, "Ignacio Rodríguez Galván, un acercamiento" que puede leerse en circulodepoesia.com.

 
             

 

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