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Tulancingo, Hidalgo, México

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A partir del 21 de marzo y hasta el 4 de octubre se podrá visitar en el Museo Nacional de Arte Mexicano en Chicago la exposición "Adláteres and the Unexpected Journey", curada por Dolores Mercado quien presenta de manera literal una visita al estudio y al mundo de Carmen Chami como pintora migrante.

Esta muestra forma parte de lo que la autora ha venido trabajando desde hace varios años con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores, siendo una representativa lectura de lo que es vivir en continuo cambio e incertidumbre.
Como parte de esta exposición se encuentra la presentación del catálogo homónimo realizado por Aldama Fine Art con los textos de Dolores Mercado y Erik Castillo.

 

Esta exposición está conformada por 21 obras de retratos narrativos y de diversas épocas, aunadas a éstas se expondrán diversos objetos y materiales que se emplean de manera cotidiana al interior del taller.

Se presentará el catálogo impreso publicado por Aldama Fine Art con textos de Dolores Mercado y Erick Castillo.


 


 

 

 

 

 Carmen Chami

 

 

 

 

 

 

   
 
   

Carmen Chami en Chicago, en el Museo Nacional de Arte Mexicano

 
 

 del 21 de marzo hasta el 4 de octubre

     
         
 

 

 Adlaters Migrantes/Minions, óleo sobre tela.

 
 
   

Adláteres migrantes

 

Adlátere (Minion)

Noun. A servile follower or subordinate of a person in power

Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

 

   

 I got Myself, óleo sobre tela.

 

 

Yo viví la migración. Por cuestiones de oportunidades de trabajo de mi esposo emigramos de la ciudad de México a los Estados Unidos, específicamente a un suburbio al oeste de Chicago. Somos afortunados de haberlo hecho sin alguna premura causada por alguna guerra, violencia, secuestro o problema familiar; lo hicimos porque vimos en esta experiencia una gran oportunidad para expandir nuestra percepción del mundo y conocer otras realidades que en él toman lugar. En nuestra percepción, los Estados Unidos es un país multicultural, la gente es muy diversa en costumbres y tradiciones, existe un amplio abanico de experiencias culinarias así como de expresiones artísticas. Todo ello nos pareció de lo más atractivo.

Aunque el momento en que se dio el cambio no pudo ser más idóneo, no pudimos evitar el azaroso proceso que implica trasformación, desprendimiento y ruptura que la palabra migrante representa: sales de un espacio que te contiene, con el que te identificas y te protege. Es claro que se pierde algo de ti mismo, de tu rutina, hay un miedo a ser una especie de fantasma de lo que era tu propia vida. Esa enquistada sensación hace que uno se aferre a lo que realmente se considera importante llegando a la inevitable conclusión que nos revela que dentro de nuestra mente y de nuestro corazón portamos nuestros recuerdos y su valor tangible son los objetos simbólicos que nos representan todo. Así, con solamente 2 maletas cada quien, elegimos lo que podría ser indispensable y alimentar el espejismo de no sentir que lo perdíamos todo. ¿Qué cabía y qué debía traer conmigo en este éxodo? 

Desde nuestra llegada ejercí mi profesión, he pintado y mucho; soy afortunada de poder prescindir de la necesidad de un trabajo dentro de una empresa o algún tipo de empleo no necesariamente relacionado con mi profesión para desarrollarme aquí en los Estados Unidos. Además de pintar, decidí enfocarme en mejorar mi inglés asistiendo a las clases que el gobierno de mi ciudad ofrece de manera gratuita para todos los extranjeros sin importar su condición migratoria. La sede era la biblioteca pública, en unos salones enormes; el lugar estaba completamente abarrotado con hombres y mujeres de todas las razas, edades, culturas y nacionalidades; tuve la sensación extraordinaria de sentirme parte ya no solamente de mi país, sino del mundo entero. Ahí conocí a muchas personas con las que pude desarrollar un lazo amistoso lo cual me ha dado la oportunidad de conocer y entender sus vivencias, pensamientos y percepciones. Fue entonces cuando comprendí que no era la única persona con mi condición, sin importar la nacionalidad ni el género todos habíamos pasado por experiencias más o menos similares Todos éramos migrantes acompañantes con un una historia única grabada tratando de adaptarnos lo más rápido posible a un país que en apariencia se ofrece incluyente.

Al poco tiempo de mi llegada caí en cuenta de que además de ser migrante, me había convertido en una adlátere. Aquí no importaba quién era, ni a qué me dedicaba, si me había desarrollado profesionalmente en mi país, si había estudiado y trabajado o si acaso había obtenido algún  reconocimiento o éxito; en fin, simplemente me había convertido en la acompañante de un inmigrante con una visa de trabajo. Para mi enorme sorpresa el grupo migratorio al que pertenezco no tiene una figura, en los documentos soy la “acompañante de un no inmigrante[1]”, es decir no existe  un término legal específico. Dado que no hay un reconocimiento de nuestro status y solamente “acompañamos”, me pareció que el término más adecuado para describir esa invisibilidad es adlátere como sinónimo de subordinación y dependencia hacia el otro.

Los adláteres vivimos una situación un poco más azarosa. En el mejor  de los casos se nos asigna un documento que nos permite trabajar; pero aunque muchos de nosotros somos profesionistas calificados en nuestro país, resulta difícil incorporarse a la vida laboral dado que primero hay que entender bien el idioma, entender  la cultura y tocar puertas en donde nadie te ha invitado a pasar. Así nuestro papel queda un poco más relegado a la asistencia en casa, somos el eje incondicional familiar y multifuncional que de manera paradójica conlleva a una rutina impregnada de aislamiento.

La migración en los Estados Unidos ha sido ampliamente revisada en la plástica; su eje temático ha sido primordialmente la clase trabajadora, ilegales en la mayoría de los casos, hombres y mujeres que viven en constante lucha por oportunidades e igualdad de derechos. La iconografía en la pintura figurativa tocante al tema migratorio es de carácter épico, histórico y onírico siendo un tema vigente y recurrente en artistas visuales que viven fuera de su país. Sin embargo, me parece por demás interesante tocar otra figura que no ha sido abordada anteriormente y que siempre ha estado ahí con el objetivo de hacerlo visible. El proyecto Adláteres migrantes plantea comunicar la realidad de una comunidad existente resultante del fenómeno migratorio acelerado por condiciones económicas y de oportunidad. Basado en la propia experiencia de personas que pertenecen a este grupo se pretende escudriñar, analizar y sintetizar ideas, así como hacer una descripción de lugares comunes que decantó en la creación de obra con una iconografía particular, símbolos y  rasgos, todo ello aunado al grupo racial y cultural descrito.

Todo lo anterior fue el eje de la exposición “Adláteres and the Unexpected Journey, Works by Carmen Chami” el cual bajo la mirada sensible de la curadora Dolores Mercado recrea al interior de la sala Xhicago del Museo Nacional de Arte Mexicano en Chicago un retrato de lo que es vivir en continuo movimiento y cambio cuando se es un migrante, tomando en este caso el ejemplo de estudio del artista.

Para mí la obra “Adláteres Migrantes/Minions” representa la síntesis de toda esta exploración hecha durante ya poco más de 4 años.


[1] Las visas de trabajo son consideradas de “no inmigrante”- aunque la persona radique en ese país- en respuesta a que la validez de este documento tiene una vigencia.

 
 
   

 

 
     
     
 
     
     

Gracias por su visita

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