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16.Abr.22

 
   

 

 

Eduardo Hidalgo

 

 

 

 

     

 

 

 

 

Lector obsesivo

 

Con la firme intención de aprender filosofía, el joven lector se dispuso a leer la monumental obra Historia de la filosofía de Frederick Copleston, dividida en 8 tomos de aproximadamente 600 páginas cada uno. El lector abrió el primer tomo y comenzó a leer. En la página 16, en la introducción, el joven encontró la primera nota al pie, que lo remitía a una obra de Hegel y, estrictamente apegado a la idea de que para comprender cabalmente un libro es necesario leer absolutamente todas las obras a las que hace referencia, detuvo se lectura, identificó todas las obras mencionadas en las notas al pie e hizo lo imposible por conseguirlas.

            Nuestro joven lector tuvo la fortuna de adquirir todos los libros referidos en los 8 tomos y, ahora sí, consideró que había llegado la hora de aprender filosofía. Sin embargo, al reiniciar la lectura y obsesivamente fiel a su idea, el lector también pensó que, si había conseguido todos los libros referidos en la obra que se disponía a leer, debía hacer lo mismo con los libros referidos en los libros referidos de la primera obra. En otras palabras, tendría que conseguir todas las obras que dialogan entre sí en los tratados y ensayos que ya tenía a su disposición.

            El siguiente paso fue conseguir todos esos libros, y así lo hizo. Sin embargo, esos nuevos libros también tenían, a su vez, otras obras referidas y nuestro joven lector obsesivo siguió adquiriendo libros y más libros en cantidades interminables hasta darse cuenta de que la filosofía no es otra cosa que el estudio de la filosofía. Con esa conclusión en mente, se dio cuenta de que ya tenía una verdad y que, por lo tanto, no podía llamarse a sí mismo estudiante de filosofía, ni mucho menos filósofo, porque cuando un filósofo cree que es dueño de una verdad, automáticamente deja de serlo, pues la filosofía es la duda y especulación eternas. Con estos pensamientos dominando su fuero interno, el lector dejó de comprar libros y ahora los usa como elementos de ornato en su departamento.

 

 

 

 

 

 

 

 
             

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