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24.Sept.12

 
         
 
     
     


 

  En Perú

La Montaña del Juramento del poeta Carlos Carrido Chalén, A MANERA DE INTROITO: el Dr. José Guillermo Vargas Rodríguez, Presidente de la Casa del Poeta Peruano

Carlos Garrido Chalén y José Guillermo Vargas Rodríguez

 
 
    El libro La Montaña del Juramento del poeta Carlos Carrido Chalén: 47 autores prologados

 

IV FESTIVAL INTERNACIONAL DE POETAS HUARI 2012 "ANTENOR SAMANIEGO"

del 7 al 11 de noviembre

 

 

Cristina de la Concha, recibirá la Condecoración de Miembro de Honor de la Casa del Poeta Peruano y nombrada Promotora Cultural Latinoamericana con Medalla de Oro

  

     

 

A MANERA DE INTROITO

Dr. José Guillermo Vargas Rodríguez

Presidente de la Casa del Poeta Peruano


 

La palabra Prólogo procede del griego TIPÓLOGOS= prólogos: de pro: ‘antes y hacia’(en favor de); y LÓGOS: ‘palabra, discurso’). Entonces lo podemos definir -en primera instancia-, como un texto situado al principio de una obra escrita, sirviendo de justificación de la misma y orientación para el lector. 

Cuando los prólogos del autor se acumulan -nos explica Wikipedia-, el autor de la obra ofrece una perspectiva diacrónica de su relación con la obra literaria compuesta y su acogida a través del tiempo o circunstancias. Eso sucede, por ejemplo, en La Colmena, de Camilo José Cela. 

Considero el Prólogo con Gérard Genette, como un paratexto; esto es, cualquier texto que se sitúa en la periferia del texto literario. Pero cuidado, no cualquiera. El prólogo es muy importante para la historia literaria, pues con frecuencia ofrece las claves críticas de la interpretación de la obra hecha por su propio autor o por alguien cercano a él. Pero además de la ciencia y pericia del tema, que de por sí es importante, debe mostrar galanura, ángel y/o cantarina prosa, profundidad de pensamiento y la elegante hondura de su versación. Y como una fresa en la cima de la torta, la elocuencia que, como buena arquitecta, embalse a todo el prólogo así levantado. No un puñado de mixtura lanzado sin ton ni son.

Entonces, ya es claro que al Prólogo se le considere, en estos últimos tiempos, como un género extraordinario y que el prologuista deba exhibir todas o muchas de las cualidades anotadas. Un especialista. Digámoslo de otro modo: Hay muchos toreros; pero no todos son banderilleros. 

¿A qué todo esto? A que la presente entrega LA MONTAÑA DEL JURAMENTO (cuyo título pareciera una mezcla conceptual épico- lírica), es la suma de 46 prólogos escritos por nuestro y vuestro amigo Carlos Garrido Chalén, a quien conocen y reconocen como extraordinario poeta. (Para los novatos, les confirmo que es Premio Mundial de Literatura «Andrés Bello» Version Poesía 2009, de Venezuela, entre otros laureles.) 

Y claro, muchos levantarán el entrecejo al mostrar ahora una arista preciosista del vate peruano, y notar esa cantarina prosa y profundidad en la versación, que ratifican su extraordinario oficio de prologuista; como si entrado en trance, quisiera levantar una estructura poética danzando en sus propias honduras. Como un Bach alucinado, haciendo converger en su «Clave bien temperado», la melodía y la armonía en el bajo cifrado, en un maridaje perfecto entre el fondo y la forma. Junto a ello, en un afán didascálico, nos introduce como un bisturí la finalidad absoluta del creador, repitiéndonos de qué vale lo que uno escribe y por último, para qué sirve o qué finalidad persigue el aeda? 

Y escribe, diagrama, perfila, refila y camina de puntitas en el espacio escriturario del autor. Mas eso, es sólo una expresión que desenmascarará la realidad poética del prologado. Esa realidad que definirá a ultranza la compostura del poeta. Por eso el título que hinca, escoce, inflama: LA MONTAÑA DEL JURAMENTO

Es decir: la vocación del aeda que es una postura frente al mundo, postura inconmovible como una montaña, en que se mece en un calembour patético e infinito de su destino. Poesía y hombre unimismados para transformar el mundo, o cuando menos, perforar al hombre para hacerlo más humano. Porque para eso escribe el vate, para eso hace arte el artista y por eso, esa vocación que se transforma en un juramento que levantará -como un altar- hasta la consumación de sus días. 

El poeta, el artista, ¡¡qué duda cabe!! construye anulación de espacios; junta, une, unimisma al hombre. Y ya sabemos cómo, sin darnos cuenta, construimos los espacios que nos alejan y sólo se anulan con el baile apretujado en un bolero travieso y socarrón, o mejor en un beso laaaargo y tibio. ¡¡Ay los espacios!! 

El gran estratega chino Zun Tzu, decía que quien conoce el arte del acercamiento (directo e indirecto) y de la maniobra, tiene asegurada la victoria; y le hacía eco a Takeda Shingen, que aconsejaba: 

«Cuando acampes, hazlo tan rápido como el viento; en la marcha reposada sé majestuoso como un bosque; en el ataque y el saqueo, como un incendio; cuando te detengas, permanece firme como una montaña. Insondable como las nubes, muévete como un trueno». 

Y otro que no sé quién fue, lanzó un grito: «Entraré a la literatura como un rayo y saldré como un trueno» 

Mejor dejo al mismo Carlos que les diga, lo que yo rupestremente expresé: «Lo traigo a colación, porque eso mismo es vital para trascender dentro de la literatura, como imprescindible, de otro lado, es acreditar entrega y consecuencia: Esa montaña del juramento y el albor de sabia nutriente que crece en los nogales, y mueve e impulsa, sin excepción, para que puedan volar, todas las aves del Cielo». 

Bueno pues, aquí 46 aves aleteando en el espacio de nuestra y vuestra literatura. ¡Salud!


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