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9.Feb.09

 
     
     
     
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Al poeta Armando Gómez Pozos

 
     
 

en la presentación póstuma de su libro Del Desamparo del Amor

 
     
 

por Jorge Contreras

 
     
 
 

 

Armando Gómez Pozos, poeta y promotor cultural, murió escasos cinco días antes de la presentación de su libro Del Desamparo del Amor. El 27 de enero, tal y como estaba programado, en la Biblioteca Central del Estado, en la ciudad de Pachuca, se reunieron amigos, maestros,

 
     
estudiantes en torno a la mesa de honor donde Armando Gómez Pozos tuvo su lugar y acompañándole estuvieron Jorge Skinfield y Nancy Ávila, frente a ellos, Laura Lara con su hijo Aldo Gómez Lara en una sala llena de gente.

Así también, Jorge Contreras fue parte de los presentadores. Enrique Ramírez Cipactli le dedicó un par de canciones, del público se escucharon algunos poemas. Entre la gente había lágrimas, pero también sonrisas, nos comenta Jorge Contreras quien, desde Tizayuca, nos envía su texto de presentación.

     

Palabras dedicadas a la presentación del libro Del Desamparo del Amor de Armando Gómez Pozos

 

 

por Jorge Contreras Herrera

En honor a mi amigo poeta Armando Gómez Pozos q.e.p.d.

 

(Hoy 23 de enero recibí la noticia de su muerte, no quise alterar mi texto original, sólo agregué un poco de palabras y cambió un poco el sentido de la interpretación de su obra)

20 de enero del 2009

Hay muchas formas de agonizar, recuerdo el suplicio del que habla Salvador Elizondo y que en cierta medida le inspiró la novela Farabeuf o la crónica de un instante. Salvador contaba que el suplicio es el momento exacto cuando la persona muere, justo en ese instante en que muere y se refiere a la fotografía de un torturado chino en el preciso instante en el que muere. Imagino un suplicio en la hoguera en donde los gritos y la carne silvan por el fuego hasta que se oye la explosión de los ojos, o el agonizante en un hospital con quejidos y estertores… en el caso de este libro, noto una agonía, la agonía de quien se ahoga en un mar de fantasmas, de recuerdos condensados, y cada poema es una burbuja de espíritu, exhalaciones de un cuerpo que se sumerge cada vez más en sí mismo, y son esas exhalaciones los poemas aquí publicados.

En los poemas de Armado la palabra tiende a sublimarse, a reconciliarse con una naturaleza etérea. Flotan. A diferencia de muchos poemas escritos en la actualidad en el que la palabra se condensa y cada vez pesa más hasta que se va oscureciendo gradualmente cargada de sentido y significado, con el fin de que entre más pese, más flote. Aquí pasa otra cosa, los silencios entre cada palabra escrita en los versos de Armando hablan, nos dicen otros poemas ocultos, susurran lágrimas mudas, les da vida a las ausencias más lejanas. Y es tan importante lo que nos dice Armando, como lo que no dice, o mejor dicho, lo que nos dice su silencio.

También es un libro a los amores de Armando: padres, mujeres, y lecturas. Las mujeres enlutadas del poema dedicado a Agustín Yánez son en realidad, las mujeres que lloran por Armando al mismo tiempo, las mujeres que le gustaría al poeta lloraran por él, incluyendo las simbólicas, como la memoria, la ausencia, la amargura, la pasión, la gratitud y por supuesto, la misma muerte.

el silencio que arrastras por mi recuerdo / cuando me traigas flores /… / aquí estará el hueco de mis brazos / esperando tus huesos. Armando conmueve no sólo el corazón, sino que logra conmover el alma, nos da un retrato de la soledad del ser humano, de la orfandad que amamanta y como padre ausente de la piel que extraña la caricia, al mismo tiempo que se sabe extrañado. Es una soledad aprisionada. Ya que no expresa soledad por convicción o por decisión sino por circunstancia.

Y lo sigo imaginando, sumergiéndose más en un océano cósmico como una constelación de brazos abiertos exhalando poemas. Me quiebro en mil cristales /…/ mientras tú / cubres con tus alas otra piel / y me sentiré curiana / entre los mortales y sentirse mortal precisamente es lo que para un inmortal sentirse mortal y es el alma, la que en diversas teologías se divisa como inmortal, es aquí donde expresa de forma muy sutil la esperanza de algo del otro lado del camino.

No hacen falta las rejas, basta la piel esa piel que el poeta quiere arrancarse, desamparado hasta de sí mismo, la orfandad se redimensiona pues no hay a quién hablarle desde el cuarto vacío en donde sólo el ilusorio eco intenta responder y muchos libros ya leídos son los cofrades de la orfandad pero la esperanza es poderosa y por una vez, sentirse huésped o hijo que vuelve a casa y no preocuparse más por la carga que este costal de mil batallas tiene que lidiar. Así Armando se va preparando para la muerte, si es que se le puede llamar así, espera, llegar al Padre, del que se ha sentido huérfano, (no sé, puede ser Dios) y recibir de él, un beso en la frente y con un beso, curar todas las heridas que el alma pueda tener.

El libro de Armando Gómez Pozos es como en uno de sus versos, templo de olvido, en el que su cuerpo es un altar vislumbrado en la penumbra, ni luz ni oscuridad, desnudado y vestido para recomenzar la rueda de la memoria. Afuera, otros se burlan de la muerte pero los poemas de Armando saben que aun atados a la tierra estamos.

 

23 de enero del 2009
 

Escribí la primea parte de mi presentación hace un par de días. Hoy por la mañana recibí la noticia por parte de la Biblioteca Central del Estado de Hidalgo de que Armando Gómez Pozos falleció en la noche anterior, al parecer aun el 22 de enero, la hora no la sé. Hablaba con Amparo quien es la directora de la Red General de Bibliotecas Públicas del Estado de Hidalgo, y le comenté que precisamente escribía sobre la muerte y la visión de Armando al respecto. Después hablé con Oscar Martínez quien está dentro del área de fomento de la lectura. Él me dio más detalles, y comentamos quienes más de los promotores de lectura eran cercanos a Armando.

Así como un efecto mariposa, la noticia agrega o cambia de rumbo mi discurso.

Me impacta la relación letras, vida y muerte del autor. Agustí Bartra en su libro Para qué sirve la poesía, dedica varios capítulos al tema de la muerte y los escritores, siendo a veces de coincidencias asombrosas (en este momento no citaré los ejemplos), por otro lado, lo decía Gilberto Owen ─Por mi vida conocerán mi muerte─

Pues ahora sus versos tienen más sentido, se llenan de poder y muestran su verdad, Armando agonizaba, pocos quizá se dieron cuenta, pues él siempre estaba promoviendo la lectura, dando talleres de creación literaria; en su sala de lectura Juan Rulfo leyó cantidades épicas de cuentos y poemas, además de promover toda la obra de Ricardo Garibay, dudo que exista alguien en el estado, que leyera tan fervorosamente la obra de Ricardo Garibay.

Armando escribía de un modo tranquilo pero incansable, meditaba las palabras, las veía nacer como una semilla en un puño de tierra en la palma de la mano. Le gustaba estar rodeado de gente, argumentar, incluso quejarse del mundo que muchas cosas le debía o lo asfixiaba, el espíritu de Armando, como es en el caso de muchos artistas, exigía más oxígeno, su alma requería más espacio así que decidió expandirse hacia dentro, implotar, sumergirse en sí mismo. En el poema dedicado a Tulancingo nos dice: Suspicaz la sombra de la muerte / me persigue cada instante / y aún vivo.

Descansa en Paz mi querido amigo, poeta, promotor cultural, de lectura, narrador, gimnasta, bohemio, buen amigo.
Y mi sentido pésame para tu familia, tu hijo Aldo y tu musa Laura, amigos y compañeros de trabajo donde laboraste.
mi pésame a todos. ¡¡¡DOLOR!!! ¡¡¡DOLOR!!! ¡¡¡DOLOR!!!

En el aspecto editorial, tengo que comentar, por un acto de justicia, que el libro contiene algunas erratas que corresponden totalmente al trabajo editorial, que son minucias, superficialidades comparados con el trabajo contenido en los poemas del libro, con los poemas de Armando. El 13 de diciembre del 2008 se celebró el octavo aniversario de la sala de lectura Juan Rulfo que coordinaba Armando, y espero que ese proyecto de excelente trayectoria, no concluya con su deceso. Aquel día o mejor dicho, noche, tomamos algunas cervezas, me comentó que el diseño no le había gustado mucho, ya que en la portada, aparecía la palabra “DEL y en letras más pequeñas, desamparo y abajo amor” y que esto confundía al lector. Estuve de acuerdo, además que el color amarillo y rojo, le daba un toque de alarma o de historias de sangre y horror, considero que esto, es parte de cierta inocencia por parte de quien editó el libro y que sólo lo menciono como algo que se debe decir, pero al mismo tiempo, aplaudo a las instituciones que apoyaron la publicación de este ejemplar, principalmente a la Universidad Politécnica de Tulancingo y espero que sigan apoyando más proyectos, en donde se vean involucrados expertos en el tema editorial: correctores de estilo, diseño gráfico, artistas plásticos, mercadotecnia, etc., comento esto, para expresar que publicar un libro no es fácil y realizar un ejemplar, con sumo cuidado en los cuidados editoriales, es una tarea ardua y de mucha revisión, pero que sigan impulsando la publicación de obras, el tiempo, los lectores, Tulancingo y la historia lo agradecerán.

Finalmente, existe mucha obra de Armando inédita, y que es este libro, lo más íntimo de nuestro amigo, los poemas aquí presentados, son absolutamente honestos, pues están hechos de hálitos, de esencia de poesía.

Ahora que has pasado a ocupar un lugar en la eterna tertulia, no me queda más que aplaudir el amor que dedicaste a la palabra escrita.
Un grandioso abrazo mi hermano.

 

Jorge Contreras
 

 
     

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