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5.Nov.20

 
     
     
 

Sueños, entre la adivinación y la ciencia

por Christian Ascencio

…de sueños, que bien pueden ser reflejos

truncos de los tesoros de la sombra,

de un orbe intemporal que no se nombra

J. L. Borges

 

 

Perdidos en la inmensidad de un mundo enigmático, los seres humanos han buscado conocer y controlar su  futuro desde tiempos inmemoriales. Un camino recurrente ha sido el de la oniromancia, entendida como el arte de interpretar los augurios que, se piensa, están encriptados en los sueños. Tal interpretación requiere un adecuado ritual de purificación y la mirada experta del intérprete, quien pretende fundir el pasado, el presente y el futuro mediante una adecuada revisión de los símbolos expresados, tanto en su carácter inmutable como en las posibilidades humanas para modificar el tejido fatídico. Hasta nuestros días, lo onírico inquieta a los seres humanos y los sueños suelen concebirse como advertencias y presagios, favorables y adversos.

El sueño ha sido entendido también como un acervo de sabiduría que se expresa a través de imágenes simbólicas. Lo onírico irrumpe entonces como un camino inexplorado y envuelto por saberes ancestrales que muestran lo que debe seguirse o evitarse. El acceso, sin embargo, es tortuoso, pues los recuerdos del sueño son rápidamente destruidos por las espadas de los guardianes oníricos y los fragmentos se diluyen velozmente en la memoria. El sueño lúcido pierde detalles rápidamente, pero hay estrategias que permiten inducir al sueño estable a través de la hipnosis o el uso de sustancias psicodélicas. El trance y el sueño, es decir, la desconexión del mundo es también la conexión con otras dimensiones y frecuencias.

El sueño anuncia fortunas y desgracias. Tres veces soñó el Capitán con una casa en El Cairo, una higuera y una fuente, mensaje que fue asumido por otro, un hombre desatinado y crédulo, pero enriquecido al seguir su sueño. Sueños que son también revelaciones, los ángeles hacen sonar su voz de trompeta en la noche constelada de un rápido parpadeo. En los sueños se presentan paralelamente la compensación psicológica y los dientes arrancados que anuncian muerte. Es posible pensar en capas de sueños, anuncios ilegibles soñados y una temporalidad alterada, pues los sueños son breves instantes que contienen eternidad.

Pero los sueños pueden ser también pesadillas, pasadizos secretos a nuestros más profundos temores y a los recuerdos más angustiantes. No hay temor más grande que despertar de una pesadilla y estar en otra. La pesadilla es la expresión de miedos arquetípicos y también el vaticinio de sufrimiento y desesperanza. En las pesadillas, muchas veces se experimenta la verdadera vulnerabilidad.

La aproximación psicológica no ha sido ajena a la impresión viva que produce el simbolismo onírico. En el caso específico de Freud, los sueños pueden ser comprendidos, científicamente, como una “composición” fragmentaria y simbolizada de aquello que en el mundo sensorial hemos experimentado tanto interna como externamente. Lo onírico pierde su componente enigmático y pasa a ser la materialización de lo vivido, de donde ha tomado sus componentes y de este modo pierde el atributo de una independiente capacidad productiva. El sueño se convierte en un camino para acceder a recuerdos que son privados a la vida despierta, y deja de ser un acceso a experiencias extrasensoriales. El sueño expresa el acervo colectivo de conocimiento humano y, en ese sentido, se convierte en un acceso privilegiado a los intersticios entre consciente e inconsciente. Tiene también una función compensatoria, permite ordenar los mandalas de nuestra mente y puede convertirse en una fuente privilegiada en el equilibrio psíquico.

Como sea, los sueños son la llama encendida que fascina a los seres humanos y los sumerge en aguas míticas y simbólicas; los convierte en traductores de imágenes y palabras que parecen incongruentes, pero de las que se esperan mensajes y designios. Sueños que permiten volar y conversar naturalmente con nuestros muertos. Sueños misteriosos, fascinantes e inquietantes. Pesadillas y terrores incontrolables o recuerdos dolorosos escondidos en las grutas irregulares del inconsciente.

 

 
 
     
     
     
     
     

 

 

 

                                   

 

 
             

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