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Tulancingo, Hidalgo, México

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David Arroyo Guillén. Psicología clínica, médica y de la salud, psicofisiología aplicada y bioética médica. Director de Mindful Neuroscience Center México. Académico y miembro del Comité de Bioética del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad del Valle de México. Especialista en hospitalización y consulta externa; miembro del Comité de Bioética Médica en el Hospital StarMedica Querétaro. Certificado como especialista clínico en psicofisiología aplicada por la Biofeedback Certification International Alliance (BCIA) y por la Biofeedback Federation of Europe (BFE). Instructor del programa “Learn from the Best” de la BFE y como instructor/mentor especializado para certificacion por la BCIA.

   
 

14.Jun.21

 
     
 

 

Fuegos artificiales en

nuestro cerebro

David Arroyo Guillén

 

 

 

 

Fuegos artificiales en nuestro cerebro …”, así es como muchos neurocientíficos en distintas publicaciones, reportajes y entrevistas describen lo que pasa en nuestro cerebro cuando la música está presente y nuestro cerebro la capta, pero ¿por qué fuegos artificiales? Esta expresión tiene su origen en que hoy en día contamos con tecnología de vanguardia que nos permite ver en tiempo real las áreas que se activan en nuestro órgano rector bajo diferentes estímulos, conductas, situaciones, procesos cognitivos, etc. Esta actividad se representa por medio de colores que aparecen y desaparecen con diferentes tonos e intensidades sobre una imagen real o representativa de nuestro cerebro, dependiendo del tipo de actividad que se está llevando a cabo a nivel celular en un área determinada en un momento determinado de nuestra corteza cerebral. Los dos estudios más utilizados hoy en día para estos fines son la electroencefalografía cuantitativa y la resonancia magnética funcional y, por medio de ellos, nosotros podemos ver “en directo” qué áreas están activas y de qué manera cuando, por ejemplo, estamos abriendo o cerrando los ojos, moviéndonos, leyendo, poniendo atención sintiendo, percibiendo, en fin, cuando hacemos absolutamente cualquier cosa, y también cuando dejamos de hacerlo. Partiendo de ese punto, dependiendo de la complejidad de la acción, del proceso cognitivo o del estímulo, vamos a ver en menor o mayor medida distintas áreas del cerebro activarse de manera delimitada y su interacción con otras áreas cerebrales involucradas.

Una vez que se entiende lo anterior, podemos imaginar que cuando se estudia la actividad cerebral con estas herramientas bajo el estímulo musical, múltiples áreas de la corteza cerebral se “iluminan” intensamente de manera pocas veces comparable con otro tipo de estímulos, y, cuando lo vemos en las pantallas, esta iluminación se asemeja a fuegos artificiales en el cielo… pero, ¿por qué es así? Vamos por partes.

En primer lugar, la música como estímulo es muy complejo, y desde el análisis de su definición y de sus componentes nos percatamos de ello. La música, a grandes rasgos, se define como “el arte de combinar los sonidos en una secuencia temporal atendiendo a las leyes de la armonía, la melodía y el ritmo”, y ya de inicio se ven todos los tipos de procesos cognitivos que se involucran. Entre ellos se encuentran el análisis del tiempo, pensamiento creativo, nociones estéticas (algo muy particular en cada persona, según sus gustos musicales) y éstos se dan de manera casi simultánea. Posteriormente, si se analizan sus componentes formales, se encuentra el ritmo, la melodía, la armonía y los matices y, al parecer —de acuerdo con lo que la evidencia científica nos dice hoy en día—, el cerebro “descompone” la música en dichos elementos y distintas áreas cerebrales los procesan de manera dinámica un tanto independiente para luego volver a integrarlos como un todo casi de manera instantánea. Pero para esto nos brincamos un punto muy importante que es el cómo es que llega la música a nuestro cerebro.

De entrada, este camino se inicia en el tímpano al vibrar y convertir dichas vibraciones en información que viaja por las vías nerviosas hasta el tallo cerebral por el mesencéfalo hasta el tálamo que, a su vez, manda la información a la corteza cerebral auditiva que se encuentra en el lóbulo temporal. No se queda ahí la cosa, desde el lóbulo temporal la música activa, de la misma manera, los lóbulos frontal y parietal, que es donde empieza ya de manera más formal el análisis mencionado, ya que se envía al giro del cíngulo y a una zona cerebral conocida como ínsula. Posteriormente se proyecta al hipocampo, y con eso se involucran finalmente recuerdos y una asociación emocional para cumplir por fin su cometido como expresión artística, es decir, consigue la finalidad estética y también comunicativa de la expresión de ideas, emociones y, en general, de una visión del mundo determinada.

¿Y todo eso en que se traduce? ¿Qué efectos tiene la música? Una vez más, la evidencia científica dice que esta activación tiene consecuencias muy diversas en nuestro cerebro. Por ejemplo, en el espectro positivo se menciona que tal vez la música no nos haga mas inteligentes, pero sí que puede incrementar la memoria, la capacidad de aprender y la atención (claro, cuando la música no se vuelve en sí misma un obstáculo distractor). De la misma manera, tiene potencialidad para incrementar la motivación, reducir el cansancio, ayudar a disminuir el dolor, la depresión y la ansiedad, incluso hasta el punto de auxiliar, en ocasiones, en el control de un ataque de pánico.

Posee funciones que nos auxilian a modular o acentuar emociones y hasta la capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo. También se han encontrado grandes beneficios en los factores regulatorios del sistema nervioso autónomo, aunque cabe mencionar que lo anterior depende de que sea música que vaya en sintonía con nuestros gustos musicales y con la asociación de dicha música a experiencias agradables o satisfactorias.

Por el contrario, cuando la música no nos gusta o cuando se encuentra asociada a experiencias no agradables, podemos generar el efecto opuesto, lo que incluye la desregulación conductual, modulación deficiente y desadaptativa de las emociones, uso incompleto de funciones cognitivas y hasta la alteración inadecuada de funciones fisiológicas, como ritmo respiratorio y actividad cardiaca.

En fin, se dice que la música es la expresión artística más accesible y democrática que hay, pues está al alcance de todos, y todos podemos participar de ella incluso cantando, chiflando o simplemente llevando el ritmo, pero lo escrito en este pequeño ensayo no alcanza a definir la su trascendencia en la historia humana y en nuestra historia particular, ya que todos tenemos un soundtrack de nuestra vida. Y sí, la música en realidad es un conjunto de fuegos artificiales que recorren no solo el cerebro, sino todo el cuerpo.

 

 

 

Correo: d.arroyo@mindneurocenter.com

 

 

 

 
 

 

             

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