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3.Nov.21

 
     
 

 

Teatro y Gestalt:

herramienta terapéutica

Lucía Ferreyra

 

 

 

 

El origen de la palabra teatro proviene del griego theatron, lugar para contemplar, ver. El teatro ha sido siempre una práctica terapéutica en sí misma. Un espacio para encontrarse, expresar, observarse y observar. Desarrolla la empatía, ayuda a manejar las emociones, a comunicarse con otros, a observar lo propio reflejado en los demás y, sobre todo, a tener confianza en uno mismo.

Nace en aquellos antiguos rituales sagrados de nuestros ancestros como un acto psicomágico con el fin de propiciar buenas cosechas. Con elementos de la danza, la música y el vestuario, se hacía teatro, se creaba algo para que pasase algo. Se creía en su poder de invocar, visualizar y atraer.

Más adelante, en la antigua Grecia, ya se representaban dramas sobre la vida y la muerte con el fin de aprender de aquellas experiencias y evolucionar. El teatro nos permite relacionarnos con temas profundos que nos sacuden el alma poniendo el cuerpo y haciendo catarsis a través de la observación de asuntos personales reflejados en la ficción. Los vemos desde afuera, con claridad.

Dice Carabelli: “En cada individuo coexisten infinidad de personajes no reconocidos, proyectados, rechazados o enjuiciados, y las técnicas teatrales son la herramienta para darles vida a esos personajes que, siendo excluidos de la vida consciente de la persona, solo existen en la sombra”. El teatro es una herramienta que proporciona variadas maneras de explorar la personalidad, reconocer los personajes internos y observar sin juicios todas nuestras máscaras.

La terapia Gestalt propone tres pilares fundamentales en el trabajo sobre uno mismo que resultan, a su vez, de mucho valor en el quehacer teatral, creando así una relación muy íntima entre ambas. En primer lugar, tenemos “la presencia”: no hay modo de que el teatro no sea presente. Inevitablemente sitúa en el aquí y el ahora tanto a las personas que actúan como a los espectadores. Lo que sea que ocurra y como ocurre lo hace en este mismo instante. La improvisación teatral consiste en trazar unas líneas simples y claras de los personajes que intervienen, de lo que ocurre en la escena y de cuál es el conflicto. No hay lugar para las complejas construcciones de la mente, debemos construir la propuesta al tiempo que la vivimos. No es suficiente con estar; en Gestalt y en el teatro tenemos que ser aquí y ahora.

Como segundo pilar, “la conciencia” es imprescindible para reaccionar de forma espontánea, sobre todo en la improvisación. Es necesario estar atento a lo que ocurre a nuestro derredor y en nuestro interior al mismo tiempo. Como reacciona nuestro personaje a las acciones de los demás, al contexto, a lo que sobrevuela la escena pero no se hace explícito; implica poner nuestra conciencia en el estado que nos ubica la propia situación. En definitiva, debemos hacernos conscientes de todo lo que sentimos para sanar y evolucionar.

En tercer lugar y como base clave en el trabajo de la Gestalt y el teatro, “la responsabilidad”. Lo que acaece  en el escenario y fuera de él es nuestra responsabilidad. Lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, lo hacemos en función de nuestra realidad interna y externa. El presente se manifiesta, en escena ocurre lo que ocurre, pero lo que hacemos con ese presente es nuestra responsabilidad.

Observar al ser humano desde un enfoque holístico: cuerpo, mente, emoción y trascendencia es también una coincidencia entre Gestalt y teatro. Que una ficción teatral resulte verdad depende de que el actor o la actriz viva la situación, y para ello la implicación de todo su ser es imprescindible, en el aquí y el ahora, dándose cuenta de lo que ocurre y cómo ocurre, y responsabilizándose del papel que desempeña en todo eso. Actuar es como jugar, es una oportunidad de vivir otras experiencias como si fueran reales y de salir a escena con otro personaje. Eso nos brinda una sensación más amplia y expansiva de la vida, nos abre canales a otros universos y nos da la oportunidad de comprender experiencias propias y de otros a través de la vivencia.

Es justo esta magia lo que convierte al teatro en una fascinante herramienta terapéutica, especialmente en su confluencia con la terapia Gestalt. 

 

 

lucia.m.ferreyra@gmail.com

 

 

 

 

 

 
 

 

             

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