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EL BÁLSAMO DE LA MÚSICA
Por
Gloria Valencia Vargas
Quedaron atrás las fiestas de fin de año, terminó “el puente Guadalupe
Reyes”, despertamos a la triste realidad en este mes de enero de 2018:
a nivel nacional, más contaminación, aumento de la inflación, más violencia,
masacres, enfrentamientos entre la policía y los civiles en el estado de
Guerrero.
En Tulancingo, se anuncia el aumento al pasaje del transporte
público, al costo del agua, la presidencia municipal desconoce el
descuento a los adultos mayores del pago al agua.
La vida sigue y para aliviar estos males apelaremos a la historia y
la música y nos situaremos en el siglo XIX. |
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“A raíz de la independencia de México en 1821 y en parte por su tardío
reconocimiento por España y la Iglesia católica hasta 1836, el gusto musical de
los mexicanos se vio influenciado por la música clásica europea, de horizontes
distintos a la barroca y no pocas veces laica. Se abrió paso la afición por la
música vienesa e italiana con las obras de Joseph Hayden, Ludwig van Beethoven,
Wolfgang Amadeus Mozart, Doménico Cimarrosa y Joaquino Rossini. Con el avance de
las generaciones el gusto clásico se fue definiendo con autores mexicanos como
Melesio Morales, José Mariano Damián Elizaga, Eusebio Delgado, Aniceto Ortega,
Antonio Valle, Velino M. Preza, Manuel Alvarado Ávila, Jesús Valdés, Octaviano
Valle, Abundio Martínez y Miguel Lerdo de Tejada…” Partituras del Museo
Nacional de Historia.
“Un suspiro al trovador”
es un pequeño libro y discos que describen la Música mexicana del siglo XIX
del Archivo Musical del Castillo de Chapultepec, basado en la
colección de partituras que resguardan desde 1944 cuando abre sus puertas.
Entre las obras que incluye está la Marcha Riva Palacio de
Aniceto Ortega.
“Aniceto Ortega nació en 1825 en Tulancingo, Hidalgo, y murió en la ciudad de
México en 1875. Representa al músico liberal mexicano del siglo XIX. Los títulos
de sus composiciones lo reflejan de esa manera y no solamente por las marchas
Zaragoza, Republicana, Riva Palacio y Potosina, sino también por el espíritu
percibido en cada una de ellas; ese romanticismo que impone la expresión de un
artista… El 1 de octubre de 1867, en un concierto organizado por esta sociedad y
celebrado en el Teatro Nacional, Ortega estrenó sus marchas Zaragoza y
Republicana, ejecutadas a diez pianos, a cuarenta manos y banda militar… La
marcha tuvo una gran aceptación entre la población mexicana porque combinaba
marcialidad y majestuosidad con la frescura y ritmo de una polka, cual la
convertía en una obra popular de carácter sencillo y festivo, acorde al espíritu
de los mexicanos…”
Otro autor también mencionado en este libro es Abundio Martínez con su
himno fúnebre “In memoriam”.
Abundio Martínez Martínez nació en 1875, en Huichapan, Hidalgo, y murió en 1914
en la ciudad de México. Es un ícono de la música popular del Porfiriato su
estilo representa esa sonoridad característica de la música bailable del
momento. Su vasta producción cercana a 200 obras entre valses, chotises,
pasodobles y danzones, entre otras, es espontánea colorida y lírica…
En los tiempos difíciles, la música es un bálsamo para el espíritu.
Hasta la
próxima.
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lolvalart@hotmail.com.
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