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7.Abr.2013

 
     
 

 

CHIHUAHUA… DE MIS RECUERDOS

 parte 2

 

por Román Corral Sandoval

 

 

 

 Del Cerro Grande a la Sierra Tarahumara

 

 

El Cerro Grande me preparó física y anímicamente para caminar por la Ciudad de Chihuahua y sus alrededores, por el abrupto relieve de la Barranca de Batopilas y por las extensas llanuras de Namiquipa, pero sobre todo por el sendero desconocido de la vida y tal vez por la senda de la eternidad. Las carencias y sufrimientos que viví en la Colonia Dale de la Ciudad de Chihuahua durante mi infancia y adolescencia carecen de importancia en comparación con la brutal marginación social y rezagos notorios que observé en Batopilas en 1970, considerado en el 2006 como el municipio más pobre del estado de Chihuahua y en el 2008 como el segundo municipio con mayor marginación en el país.

    Permanecí en la Sierra Tarahumara, trabajando como maestro rural hasta 1977, año en que llegué a Ciudad Juárez, el cuatro de noviembre. Antes de iniciar el descenso del Cerro Grande mis amigos y yo, como dije, procurábamos caminar hacia la cueva que existía detrás del Cerro Grande a poca distancia de la cima donde se encontraba un ojo de agua, pequeño manantial para saciar nuestra sed con su fresco y transparente líquido. A la mitad de este pequeño trayecto de cuesta abajo existía una frase escrita con pintura roja en una gran piedra plana, que preguntaba a los caminantes de este elevado y solitario lugar: “¿En dónde pasará Usted la Eternidad?”

    Desde la cima del Cerro Grande se observaba panorámicamente la Ciudad de Chihuahua y en la década de los 50 y 60, no era tan extensa como ahora; en diferentes ocasiones mis amigos y yo la cruzamos caminando varias horas y en todas direcciones, por ejemplo, hasta las Quintas Carolinas, en Nombre de Dios, en la parte norte de la ciudad, obra arquitectónica del porfiriato que era una de las tantas haciendas que poseía el terrateniente don Luis Terrazas; en otras ocasiones optábamos por caminar, sobre todo los fines de semana en otra dirección, si nos dirigíamos hacia el oeste llegábamos a las Presas “El Rejón”, “Chuvíscar” y “Chihuahua”, en las cuales se observaban a varias personas pescando mojarras: por cierto mi hermano Ramón era diestro para esta actividad y seguido traía hasta treinta ejemplares de esta especie de peces ensartados en un alambre.          

    Mis amigos, primos, hermanos y yo teníamos espíritu aventurero; caminamos tanto durante nuestra infancia y adolescencia que ya adultos transitábamos cualquier distancia, sin importar la hora o condiciones climatológicas extremas, además no había otra alternativa debido a que el servicio público de transportes urbanos entró a la Colonia Dale a mediados de los 60. Caminábamos, cuando no contábamos con dinero para pagar el pasaje, por la calle Justiniani rumbo al poniente, luego cruzábamos las vías del ferrocarril para llegar a la avenida Ocampo, crucero donde era parada obligatoria de los camiones urbanos. En la intersección de estas calles estaba la cervecería “Álamos Tecate”, donde se podía abordar un camión urbano que llegaba hasta el centro de la ciudad; por cierto que, era muy común que de esta cervecería, sobre todo los fines de semana, al atardecer o casi al anochecer llegaban a varias viviendas de la Colonia Dale algunas notas musicales de los mariachis que amenizaban las parrandas de alegres parroquianos.

 

 

 

 

 

 

 

Narciso Corral Sandoval, hermano mayor (1944); Primo-hermano Ramón Torres Sandoval (1950); Hermano Ramón Corral Sandoval (1946); Hermano Trinidad Corral Sandoval (1949) y Román Corral Sandoval (1951) niño sentado. Chihuahua, Chih. A finales de 1952.

 

 

 

 

 
 

CHIHUAHUA… DE MIS RECUERDOS parte 1

 

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ROMÁN CORRAL SANDOVAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“En los brazos de mi madre me sentía protegido”. RCS.

El autor  SHAPE  \* MERGEFORMAT y su madre, Dolores Sandoval Herrera, (1926-1986). Casa del Barrio “El Pacífico”. Calle 28ª. No. 2405. Chihuahua, Chih. A finales de 1951.

 

 

 

 

 

 
     

 

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