10.Dic.2024
PARTITURA DE TATUAJES
(Fragmento)
Del libro CANCIÓN DE LLUVIA
Soy el alfabeto de todos los nombres,
el número infinito de la cifra siguiente,
el símbolo, la rúbrica, la clave,
la canción de los metales,
la llave de todas las habitaciones,
la puerta de todos los destierros,
la ventana que da al rostro
de todas las estaciones,
la fragancia, la flor, la ribera de todo cauce,
el rostro y la sonrisa de todo niño,
el pie de todos los caminos,
el ojo y la rendija de todas las miradas,
la ruidosa rueda de todos los trenes,
el filo de todas las espadas,
el autor intelectual de todos los conflictos,
la raíz y el beso de urgentes tempestades,
el velero de todos los sueños, el puerto,
la huella, la piedra de todos los tatuajes,
la muerte anegada de todas las lágrimas.
Soy la brevedad de la hora más deseada,
el instante en que mi tacto acaricia
la melodía de tus manos.
Tu voz situada
casi a la mitad del continente
y la sombra de mis pasos.
Escucho dentro del cráneo,
la canción lejana de tus labios.
Soy el fuego de la piedra que tatuó
la cicatriz de los siglos y los años,
soy la flauta y el osario, el fémur
de los días urgentes de los pasos,
el erotismo de los días festivos,
soy el recipiente de arrugas,
el perchero del dolor,
la marchita flor de sueños abortados,
soy el actor, el toro castrado con el mazo
de sus actos, soy la tumba
y el féretro de un sol apagado.
Soy el incendio y la ceniza,
la memoria olvidada en el abecedario,
el mito, la leyenda en páginas
de días y rostros confabulados,
soy el río que serpentea el valle
y los peldaños hasta hundirse
en la profunda boca del océano,
soy el barco hundido,
la cruz apolillada
de urgentes rostros
y sueños desheredados,
soy el puerto del que parten ojos,
el buque cargado de deseos,
el anzuelo de este itinerario,
soy la tierra preñada de nombres y de nadie,
la tierra de toda migración, el puente, el atrio,
la acera y la esquina donde nos esperamos,
la calle, la plaza, el parque,
el balcón que lleva al ojo
el tatuaje de todas las postales,
soy la habitación donde el erotismo
prendió, la desnudez, el incendio
de los cuerpos,
la aleación de los amantes,
soy la oración de mi madre,
la bendición que parte de la mano
de mi padre, soy la respiración, el pulso,
el aire cansado de las veredas y las máscaras
hipnotizadas de disfraces, soy nosotros todos
y al mismo tiempo, soy don nadie, soy la voz
y el enigma de este viaje,
soy ellos, soy tú, soy él,
soy yo, despojado de mí mismo,
soy el futuro viejo
en el rostro joven de todo niño,
soy este libro de arrugas
exiliado en el cansancio de los años,
soy la incomprensión de los ojos arrancados,
el festín del miedo, la voz ignorante,
el sastre imaginando personajes de héroes,
santos y mesías para salvarnos
de nosotros mismos,
soy la cercana fragancia del cuerpo
en el olfato de los cuervos,
la futura lágrima en el traje negro
de todos los amigos,
el último suspiro, el cadáver
flanqueado por el nardo
y la danzante llama
en la cúspide del candelabro,
el pésame sentido,
soy el búho de presagios, la telaraña,
soy el animal que se embosca
a sí mismo, el que se envenena
y pone trampas en caminos,
el que hace de la vida,
el títere de sí mismo,
la marioneta del capricho,
el que hace de la sangre y el poder,
el hombre inexplicablemente rico, el maniquí
pulcramente de sedas y de lino investido,
de incorruptible honestidad, el dictador,
el esclavo, el prepotente, el rey, el ciego,
el prelado, el indigente, el paralítico,
soy la caricatura de mí mismo,
soy el bufón que ríe la ironía de su boca,
soy la locura y el suicidio,
soy el asesino.
Soy también el hombre que te ama
y se desdobla,
el que se multiplica en la belleza
de tu rostro infinito, soy el pensamiento
que te nombra, la voz que te canta,
la flor, la fragancia que se ofrenda
al ser del ojo preferido.
Sois mi Dulcinea.
Yo, soy este loco mal herido,
el que te piensa, de pie,
al centro de este cruce de caminos.
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