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La "terapia" del perdón

 

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5.Oct.16

 

El perdón en sus diferentes planos

Cristina de la Concha

 

 

 

Perdonar es un alivio, sí, pero podría no serlo. En La terapia del perdón, hablaba sobre el poder del perdón, cómo la Naturaleza misma nos regaló sustancias y neurotransmisores que hacen posible nuestra sobrevivencia. En el ensayo Del Abuso expongo algunas de las sustancias y neurotransmisores con sus respectivos efectos mostrando que la Naturaleza nos da la cura si logramos estimularlos con ejercicio y diferentes terapias y dietas, sin embargo, la terapia de energía cuántica o terapia a nivel theta acerca de una manera más sencilla y rápida a esos estímulos, pero también con el perdón, sea en nivel theta o con conciencia y un deseo verdadero de perdón.

Sin embargo, en el plano social, ha surgido el cuestionamiento ante el horror que se ha regado con tantas imágenes de violencia, corrupción, mentira, cinismo, brutal enriquecimiento de unos cuantos y el bestial empobrecimiento de muchos otros, en ciudadanos que sólo desean vivir en armonía, sin delincuencia, con empleo, sin inflación que medre en su bolsillo, con acceso a los recursos que den la satisfacción elemental sus necesidades, como mínimo, sin tener que sumarse a marchas que exigen arreglos a las injusticias que han azotado al país, sin las malas noticias sobre el calentamiento global o la discriminación a las minorías que agravan lo anterior. ¿Perdonar?

Creo que debemos diferenciar los planos del perdón: uno es el personal, es el interior, el íntimo, confidencial, que arroja un efecto psicológico y otro es el social, el que se habla, es entre dos individuos, o grupos o individuo y grupo, en un sentido u otro –solicitándolo u otorgándolo– es “bilateral” y tiene un efecto social, repercusiones en la vida social de ambos sujetos o entidades e incluso hacia otros.

El perdón es una fuerza, una energía que, en el terreno de lo social, puede ser contraproducente, puede ser mal empleado y revertirse su virtud. Sin mala intención hay quienes se envanecen porque se les pidió perdón y no conscientemente sino porque simplemente no saben recibir una frase tal debido a sus propios complejos o por conceptos erróneos sobre cómo debe ser el comportamiento humano, por defectos de la educación. Y abundan los casos en que aquel a quien se le pide perdón lo usa para someter, incluso de gente que busca con toda alevosía que se le pida perdón precisamente con ese fin: el de subyugar. Porque, sí, se le han dado falsas connotaciones a la humildad y al perdón a través de la historia y muy seguramente ha sido lucubración de aquellos que han usado el perdón para vejar o quienes niegan la humildad para no verse obligados a reducir sus bienes o su estatus.

Esto es que, por desgracia, han creído, unos por ignorancia, otros por abuso, que se les autoriza a reincidir al ser perdonados, creencia que muchas veces puede ser inconsciente. En Dar permiso de abusar, mencionaba que quedarse callado ante la injusticia es dar permiso de abusar, es autorizar al abusivo a seguir abusando, lo que hace necesario manifestarse siempre ante los actos injustos, no dejarlos pasar porque representa una condena para la persona objeto de abuso, porque el abusador lo interpreta así, como un permiso y lo peor es que su apego al abuso se recrudece, el grado de abuso se exacerba y crece porque su confianza es mayor, porque se siente más libre. Como el que cacheteó a su mujer una vez, a la siguiente ya no es con la palma de las manos que la agrede sino con el puño.[i]

Esto es lo que ha venido sucediendo en nuestro país, mientras más se les ha permitido abusar, más han abusado al grado de llegar a una situación de crisis como nunca antes se tuvo y es a lo que me he referido cuando he cuestionado qué hemos hecho que se alcanzó este punto, cómo fue que se permitió que llegaran a este punto, un punto que está afectando ya a todos los sectores, que ya no es sólo el desempleo ni la inflación ni la pobreza la crisis de la que hablábamos hace veinticinco años. No. Y no quiero ser reiterativa, no quiero repetir lo sabido por todos, pero son miles de muertos, miles de desaparecidos, cientos de fosas clandestinas, pueblos deshechos, abandonados, todo lo cual está afectando a nuestros jóvenes. Pregunto lo mismo que la mayoría: cómo lo están viendo ellos, qué conceptos se están formando con toda esta perspectiva, pues se han dado casos como el del joven que recientemente mató a su padre y a la pareja de éste. ¿Qué podemos hacer para detener esos nuevos conceptos que se están gestando en adolescentes y niños? ¿Cabe el perdón, la humildad en estos parámetros? ¿cómo?

Esto lleva a replantear el perdón en sus diferentes planos.

En lo que a la salud se refiere, el perdón sería un acto de reflexión profunda, de "contrición" con uno mismo (no en el sentido que le da la religión, sino de uno mismo con uno mismo), sin testigos, solicitándolo y otorgándolo, como si los sujetos del perdón estuvieran presentes, pero no necesariamente deben estarlo, porque, al final, este acto es para uno mismo y si bien existe la posibilidad de que el acto sane a ambos, es preferible no arriesgarse a sufrir las reacciones mencionadas, reacciones que indican que en realidad hay un daño, alguien que se envanece evidencia que no goza de la mejor salud mental, en cuyo caso, pedirle perdón no sólo la empeora, además de dañar al solicitante mismo también representa un perjuicio para los demás.

Lo que vale de este perdón en términos de salud, el psicológico, es que sea honesto, real, que nazca de un profundo deseo personal, íntimo. No se pueden desechar, sin embargo, los casos en que dar o pedir perdón a otro en persona represente a éste un alivio, una sanación, una “iluminación” quizá, pero esto es ya a criterio particular, depende de quién sea esa persona, del motivo y del momento. Y este perdón, personal y confidencial, se hace necesario con el solo y único objetivo de sanar el horror que se ha esparcido, para sanar el alma de la amargura que ese horror, per se, siembra. Pero no en términos de lo social.

Por ejemplo, se da el perdón a un presidiario cuando ha demostrado su arrepentimiento y resarcido de algún modo el crimen cometido, pues es necesario que demuestre para, al menos, tener una prueba de que no lo volverá a cometer, aunque la prueba es relativa ya que abundan los casos de reincidencia. En el ámbito social, es imprescindible que el perdón venga acompañado de la demostración tangible, visible de arrepentimiento con el resarcimiento en cierta medida de la falta o crimen cometido. De otro modo, es retroalimentar la delincuencia, el mal comportamiento, la violencia, la corrupción. Es decir que no basta pedir perdón, no basta otorgar perdón.

Ya entrados en el tema, otro plano del perdón sería el espiritual separando el término de lo psicológico, es decir, el plano al que aluden brujerías y “trabajos de oscuridad” –aquí propongo diferenciar sentimientos y actitudes humanas del aspecto meramente relacionado con el inconsciente y la propia energía (a lo que quizá podría llamársele “pulsión”), utilizando para esto el término “espiritual”, en vista de que la psicología es el estudio de la psique que significa “alma, espíritu”–. En este plano, el perdón cumple la función de disolver, por llamarlo así, el “trabajo” en cuestión cuando éste se realiza basado en el odio como energía “de combustión”, como energía que mantiene “encendido” dicho trabajo, que hace que funcione, y este perdón debe, por lógica, tener, al menos, la misma fuerza que la del odio empleado para que se cumpla su función, es decir que debe ser honesto, un perdón realmente sentido, un perdón verdadero.

De todo lo anterior deviene mi disentimiento de la frase “ni perdón ni olvido” pues ¿a qué plano se refieren? o más bien ¿en qué plano afectan estar repitiéndolo? porque lo que tanto se repite, nos dice la psicología, repercute, en el mediano y largo plazo, en el inconsciente. Si alguien nos traicionó, cabe el perdón íntimo, el psicológico, por la propia salud, y más vale alejarse de los traicioneros porque la traición indica con toda claridad qué tipo de persona es, de ahí que no se deba olvidar pero tampoco, por salud mental, retroalimentar el sentimiento que esa traición produjo. Pero no se admitiría el perdón social a menos que la persona demuestre cabalmente su arrepentimiento –socialmente– y de algún modo resarza la falta cometida, y con las debidas reservas pues igualmente sabemos que es muy difícil lograr la erradicación de ciertas actitudes, también más vale alejarse de la persona y no olvidar para evitar que vuelva a suceder. La venganza no es la solución, la venganza es sólo un paliativo que retroalimenta los sentimientos negativos que dañan a la salud pues hace caer en esa repetición mencionada antes. La justicia sí lo es, dejar en manos de la sociedad la aplicación de la ley, pero una justicia realmente justa, no la “justeza” de que ha echado manos la corrupción, y si no existen las leyes necesarias para hacer justicia, entonces, buscarlas poniendo en la mira el bien común y diluir así los sentimientos negativos que dejó el daño sufrido, las campañas son terapéuticas.

Creo, sí, para estos fines, tanto para el sujeto como para el objeto del perdón en general, en las terapias psicológicas y en la eficacia de la terapia del perdón si éstas son altamente motivadas, y en este momento, la situación de esta tierra es una alta motivación, con la convicción clara y contundente de rechazo de la violencia, la corrupción, la impunidad y de todas esas imágenes terroríficas y las escenas dolorosísimas, para sanar el alma y el inconsciente y continuar en la resistencia pacífica, con firmeza y el mejor talante.


 

[i] Fragmentos adaptados de Del Abuso, ensayo, mcco2003.

 

 

   
                 

 

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