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Cristina de la Concha

 

Riesgo circular…

(aumentado)

 

 

Si bien las mujeres hemos avanzado a pasos agigantados en la última década en la lucha contra el machismo, la misoginia y la discriminación, en los tiempos de hoy en que se habla de que éstos son “de mujeres” y ha abundado la presencia femenina en las contiendas electorales, la mujer sigue en riesgo, ahora no solo por discriminación y violencia de género sino por lo contrario: el cuidado extremo de no caer en machismo y misoginia. Sí, es una desgracia ya que ha sucedido que se aceptaran desplantes, ofensas y actitudes agresivas infligidas por mujeres sin que se manifestaran protestas en contra únicamente por ser mujeres quienes las cometieran, esto es grave pues otorga a estas mujeres un empoderamiento dislocado, injusto, como se vio en las marchas feministas de 2019 y 2020 donde grupos femeninos cometieron actos severos de violencia, encapuchadas vandalizaron locales, rompieron en una ocasión la bandera nacional, prendieron fuego e incluso una de ellas se prendió a sí misma por descuido, golpearon periodistas, hicieron pintas y en un video se vio a una señora enseñándole a su hija de unos 5 ó 6 años de edad a realizar estas pintas, lo que se calificaría como “enseñanza a ser agresiva”, tergiversando así el concepto feminista. Estos destrozos con la bandera de un pseudo feminismo desarmaba a la ciudadanía que debía mantenerse en silencio pues la protesta en contra sería vista como misoginia y machismo, como discriminación de la mujer. Esto nos colocaría, entonces, a las mujeres como seres “inabordables”, no fuera a ser que nos ofendiéramos y los acusáramos de discriminación, lo que implicaría que se originara una especie de cerrazón entre mujeres y hombres, bloqueo en la comunicación, rompimiento de parejas, disminución de nuevas parejas.

Esto, precisamente esto, ha estado siendo empleado por la mafia del poder, por los enfermos de ansias de poder que solo andan buscando la forma de conseguirlo y entonces se hacen de las mañas más arteras, más ruines, y una es aprovechar las cuestiones coyunturales, las “modas” o inclinaciones con el único afán de captar al electorado. Hoy día, para nuestra fortuna, hay mujeres y hombres protestando en contra del machismo y la misoginia y, por cada evento contra la mujer, se manifiestan en contra, pero, para nuestra desgracia, esto, los de la mafia del poder lo tomaron a su favor y diseñaron una nueva estrategia para obtener votos tal y como lo hicieran en aquella elección en que, con una “historia de amor” a través de la t.v. con una actriz y un político de físico atractivo que contrajeron nupcias, planearon captar al electorado y elevar la votación a su favor. Estos hombres vieron su oportunidad al percibir el enorme crédito que adquirieron las mujeres con movimientos como el “metoo” y la lucha contra feminicidios y la violencia de género que los consideraron aspectos altamente redituables para sus campañas. Contemplaron esta nueva situación de la mujer como la estrategia del momento: mujeres en candidaturas y cargos públicos para, a través de ellas, cosechar canonjías, dádivas, licitaciones, privilegios, y, en efecto, disponer de ellas para ser ellos quienes rigieran en el cargo, mujeres quienes se postularan y lograran ubicarse en el puesto desde donde ellos, tras bambalinas, ordenaran, dispusieran, distribuyeran recursos entre sus allegados, y un sinfín de florituras, abusando de la ciudadanía. Así, por una parte, utilizan el factor actual de reconocimiento de la mujer, la “moda” de que “es tiempo de mujeres” y, por otra, a su vez, el “temor” “de moda”: nadie dice nada contra las mujeres porque podría ser denunciado por machismo y misoginia y, en este escenario, acomodar a cualquier mujer, incluso a la más incapaz de desempeñar un cargo, pues ellas poseerían por ahora la habilidad de atravesar la senda de críticas, caminar incólumes, inmunes a cualquier comentario contra ellas, porque cualquier opinión en favor del pueblo y en detrimento de la candidata en cuestión sería susceptible de ser revirado como “violencia de género”, es decir, usar la defensa de la mujer como chantaje para derribar obstáculos, evadir los cuestionamientos de la ciudadanía y llegar al cargo, cuando lo que se busca de los candidatos en campaña política es la honestidad, la convicción de justicia y ética y la capacidad para desempeñar el cargo, esto es lo que atañe a la ciudadanía principalmente y no el género, puesto que una persona, hombre o mujer con convicción de justicia siempre impulsará iniciativas justas para la mujer, siempre la tomará en cuenta así como a los demás sectores de la población, y los ciudadanos tienen derecho de cuestionar a quienes pretenden ser electos. Las mujeres deben tener las mismas oportunidades de los hombres de ser votadas pero el planteamiento de que es necesaria la presencia de mujeres en los cargos carecería de validez si las mujeres candidatas no poseen las aptitudes ni la capacidad para desempeñarse.

En muchos casos colocarían, entonces, a mujeres, las que fueran, con o sin preparación, con o sin conocimientos, con o sin carácter o disposición, con o sin capacidad para los cargos, con la idea de que esto no importaría pues ellos serían los que gobernarían detrás. En nuestro país abundan las mujeres capaces, preparadas, con los conocimientos y el temple necesarios pero si, entre ellas, alguna -o algunas- aceptara ser manipulada y dirigida por otros a cambio de ostentar un cargo -que, de otro modo, no conseguiría-, su capacidad, preparación, conocimientos y temple serían anulados por esos mismos manipuladores.

Y la mujer se ubicó en este riesgo sin preverlo ni imaginarlo siquiera, la balanza que pesaba contra ella, se fue hacia otro lado pero no al deseado, no de manera favorable para ella porque persiste la intención de usarla; aquellos que la tienen son, per se, misóginos y machos, ellas son, en efecto, valoradas y ante el pueblo, el pueblo lo creería, pero en realidad son valoradas por estos misóginos como objetos mediante los cuales es posible conseguir un poder público y se perpetraría, luego entonces, un abuso en el pueblo, en la ciudadanía que votaría por estas mujeres.

Ergo, también quedó el pueblo en esta circunstancia de riesgo, en la de realizar un sufragio erróneo, sin noción de ello, por alguien a quien tendría que tolerar por varios años durante los cuales ese alguien, la funcionaria, estaría tomando decisiones dañinas para la ciudadanía, para las familias.

¿Que de esta “moda” se conseguirían mejores políticas para las mujeres?, sí, seguramente si las mujeres son realmente impulsadas por su propia convicción de ser mujer y de lucha por la mujer, sin embargo, esto no sería así por parte de mujeres manipuladas por hombres, mujeres que estarían viviendo, ya en campaña, violencia de género al ser empleadas únicamente como instrumentos para llegar a esos puestos.

Éste es el enorme riesgo a que conllevó este grito de mujer por circunstancias de igualdad, por que se valoren nuestras capacidades, a que se utilice a las mujeres en este supuesto tiempo de mujeres para lanzarlas a puestos y candidaturas solo por ser mujeres, a contiendas que no serían capaces de desempeñar para alcanzar cargos que tampoco desempeñarían de la forma debida pues no les sería permitido, solo porque “es tiempo de mujeres”, y cuestiono, ¿qué sentido tiene que sean “tiempos de mujeres”? o ¿qué tiene de “tiempos de mujeres” esta época si existen esos hombres que siguen utilizando a las mujeres, si continúan cometiendo aquello de que han sido acusados y unas mujeres continúan aceptándolo, sobre todo en algo tan importante como es un sufragio?

De las violentas mujeres encapuchadas de las marchas feministas más tarde se supo que eran grupos de choque infiltrados y que, entre ellas, había hombres, así que eran infiltradas pagadas para causar esos destrozos por entes políticos de oposición, es decir, mujeres manipuladas que actuaron en contra de las mismas mujeres al dañar la marcha, y, habiendo hombres entre las encapuchadas, queda claro que no fue un asunto de mujeres la violencia empleada, sino la utilización de una "moda", mismo mecanismo, la importancia que ha ido adquiriendo la mujer, en un acto que llamaría la atención a nivel nacional para dañar al gobierno entonces, reitero, ¿qué tiempo de mujeres es éste sino uno de hombres usando mujeres para sus propios fines?

 


 

 

 

 

   
                 
                 

 

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